Las tensiones internas dentro del peronismo ya no solo preocupan por el futuro del espacio, sino también por el efecto que podrían tener sobre el resto del escenario político de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
En ese marco, Cristina Fernández de Kirchner analiza con dirigentes de su entorno un escenario de fuerte fragmentación electoral.
Según trascendió, la expresidenta considera que una ruptura del peronismo podría derivar en una competencia con cuatro espacios de peso, modificando la lógica de polarización que dominó las últimas elecciones.
El planteo parte de la posibilidad de que el sector referenciado en Axel Kicillof compita por un lado y el kirchnerismo lo haga por otro. Ese escenario, entienden en el entorno de la exmandataria, también podría impactar sobre la oposición no peronista.
Es que una división del justicialismo podría generar una eventual ruptura entre La Libertad Avanza y el PRO. Sin el temor a favorecer un triunfo peronista, el macrismo tendría mayores incentivos para presentar una propuesta propia y disputar un lugar en un eventual balotaje.
En paralelo, dentro del kirchnerismo sostienen que un esquema con varias ofertas electorales también fortalecería la capacidad de Cristina Kirchner para ordenar el armado de listas dentro de su espacio, aun cuando persistan los interrogantes sobre su situación judicial y una eventual imposibilidad de competir.
La discusión, además, vuelve a poner sobre la mesa el debate por las PASO. No es casual que el Gobierno nacional impulse su eliminación o suspensión, para evitar el riego de fragmentación propia.
No sería un escenario inédito. En 2003 el justicialismo llegó a las elecciones presidenciales dividido en tres candidaturas competitivas, una experiencia que años más tarde derivó en la creación de las PASO como mecanismo para ordenar las disputas internas.
Hoy, más de dos décadas después, la posibilidad de volver a una oferta peronista fragmentada vuelve a instalarse en el centro de la discusión política.