El último fin de semana largo del año funcionó como el termómetro definitivo para proyectar el comportamiento de las próximas vacaciones de invierno en la provincia de Buenos Aires, y las alarmas se encendieron en todas las cámaras empresarias.
Los principales corredores turísticos del territorio bonaerense reportaron balances que oscilaron entre lo “aceptable” y lo derechamente “flojo”, confirmando que la recesión del bolsillo y el cambio de hábitos en las familias de clase media condicionarán de manera severa la temporada invernal que está a punto de comenzar.
Desde los despachos municipales y las filiales de los sectores hotelero y gastronómico coinciden en que el flujo de visitantes fue marcadamente inferior al de temporadas pasadas. La inmediatez de las vacaciones escolares y la reticencia al gasto extraordinario configuraron un escenario de retracción generalizada.
La tendencia general de la provincia quedó reflejada en los números que dejó Mar del Plata, donde la actividad operó en niveles mínimos para esta época del año. De acuerdo con los relevamientos de la Asociación Hotelera Gastronómica (AEHG), la ocupación en la ciudad balnearia arañó el 30%, registrándose picos a la baja de apenas el 25% en determinadas categorías de alojamiento.