El movimiento obrero organizado pateó el tablero de la confrontación social y reconfiguró su estrategia de resistencia frente al programa de reformas de la Casa Rosada.
En una cumbre clave celebrada en la sede de la CGT de la calle Azopardo, la mesa de conducción de la central obrera clausuró la presión de los sectores más duros para activar un paro general inmediato y bendijo, en su lugar, un plan de lucha de largo aliento bautizado en los pasillos sindicales como “a la francesa”.
El esquema metodológico está copiado de la contraofensiva que los sindicatos galos desplegaron frente a las reformas previsionales y laborales de Emmanuel Macron en París.
En lugar de quemar los cartuchos operativos en una única huelga nacional de 24 horas, las centrales argentinas activarán un cronograma secuenciado, sectorial y escalonado.
La meta política es garantizar que durante los próximos meses siempre exista un eslabón gremial activo en las calles, extendiendo la visibilidad del conflicto social y administrando el desgaste de las bases hasta el último tramo del año.
El plan de lucha debuta en las calles con una marcha unificada junto a las agrupaciones de jubilados, orientada a visibilizar la pérdida del poder adquisitivo de los haberes frente a la canasta de medicamentos y tarifas de servicios.