El búnker de San José 1111 reactiva la liturgia de la resistencia. Mientras Máximo Kirchner agita la consigna de una candidatura presidencial para 2027 como dique de contención contra Axel Kicillof, el peronismo tradicional desfila por Constitución ensayando fórmulas alternativas que desafían el monopolio del armado camporista.
No hay dudas que Cristina Fernández es una figura de las figuras políticas más influyentes del S XXI y, aunque algunos diagnostican su ocaso, la dos veces presidenta de la Nación deja señales a quienes la visitan con aires de “mucho más para dar”.
Por un lado, la épica militante recrea la fantasía de una postulación testimonial para “torcerle el brazo a la historia”. Por otro lado, los laderos del “candidato natural” sufre los embates de los dirigentes que ladean al líder de La Cámpora, como Emmanuel González Santalla y Facundo Tignanelli.
La mayor novedad en el ecosistema de San José 1111 no es el consignismo previsible de La Cámpora, sino el retorno de la vieja guardia peronista. A más de una década de distancia, el reencuentro político entre Cristina Kirchner y Miguel Ángel Pichetto reconfiguró el eje de discusión del espacio.
La sorpresiva presentación del jefe del bloque Encuentro Federal en la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, donde propuso que el Congreso “anule” la condena argumentando un conflicto de poderes y la falta de un tribunal ad hoc, expone una maniobra de altísima costura constitucional.
Pichetto ingresó al búnker de Constitución de la mano de Eduardo Valdés, abogado de la exmandataria en la causa del Memorándum y principal gestor de audiencias extrapendulares. Aunque el propio entorno de la expresidenta reconoce por lo bajo que la vía legislativa para anular el fallo es “impracticable”, valoran el gesto como un puente de oro hacia el peronismo del interior.
Los armadores que caminan el departamento de San José miran con obsesión los números de Hugo Haime, que ubican a Cristina con un 42,7% de imagen positiva y un piso electoral de 35 puntos. Ese capital es el que lleva a dirigentes de la trayectoria de Guillermo Moreno a instalar en los medios la fórmula Cristina - Pichetto.
Quienes la ven semanalmente aseguran que ya entró en modo electoral. Su rutina incluye una dieta estricta, lecturas focalizadas en el impacto de las nuevas tecnologías y un ojo clínico puesto en el calendario internacional, con especial atención a las elecciones del 3 de noviembre en los Estados Unidos, fecha que en el Instituto Patria consideran el punto de inflexión para evaluar la sustentabilidad del modelo económico de Javier Milei.
Una persona que la visitó esta semana le dijo a este medio que “uno” de los debates que se da puertas adentro de la mesa ultra pequeña es la cuestión macroeconómica. En el foco está puesto el endeudamiento y los compromisos con el Fondo Monetario Internacional que vencen el año próximo. “Es una preocupación que los mercados nos acepten y no que nos consideren un riesgo”, señaló y amplió “Cristina vivió de adentro el superávit gemelo de Néstor. Sabe cómo hacerlo”,
Las dudas pasan por cómo llega Milei al momento del cierre de listas. En el Círculo Rojo parecen haber perdido la batalla a las que los llevó Mauricio Macri por un nuevo actor. Las condiciones de Donald Trump y los salvatajes de los magnates en una “lluvia de inversiones largoplazistas” que marcan el riesgo de shock momentáneo, son dos cosas que se miran de reojo.
Sin embargo, los que miran la política y miden el termómetro social aconsejan a Cristina el debate que se viene dando en la región. En 20 de las últimas 27 elecciones hubo cambios de rumbo económico. Por caso, el peronismo perdió con Macri, que no pudo reelegir, al igual que Alberto Fernández. Las dudas pasan por si en ese panorama hay hartazgo social con la política o necesidad de cambio.
Además, le recomiendan a la expresidenta que mida si en ese diagnóstico puede incluir la consulta si hay lugar para “volver a algo ya conocido”. Allí, los analistas coinciden casi al unísono: en el interior del país, Kicillof es Cristina y mide mejor, pese a la necesidad de ambos sectores de diferenciarse.
La verdadera carta de negociación es una encuesta reservada que maneja la expresidenta: según ese relevamiento, en un escenario de fragmentación interna, un candidato ungido directamente por el dedo de Cristina le sacaría 17 puntos de ventaja a Kicillof sobre los 31 que mide el gobernador en la provincia. Una advertencia matemática diseñada para recordarle al intendentismo y a los armadores bonaerenses quién retiene, aún desde el encierro, la verdadera jefatura del movimiento.