El gobierno nacional de Javier Milei sigue adaptándose con rapidez a su era post Adorni. Tras haber designado formalmente a Diego Santilli al frente de la Jefatura de Gabinete de Ministros y haber reunido a sus legisladores para intentar retomar el impulso de los proyectos parlamentarios paralizados por los recientes escándalos, el nuevo inquilino de la Casa Rosada reorganizó a fondo las piezas del tablero estatal.
Con este drástico rediseño del organigrama, Diego Santilli no solo centralizará la gestión diaria de la administración pública sino que retendrá bajo su ala el crítico vínculo político y financiero con los gobernadores.
La modificación, que altera sustancialmente el esquema de toma de decisiones del Poder Ejecutivo, implica que Santilli arriba al cargo de ministro coordinador conservando de manera directa las responsabilidades de su función anterior.
La disolución de Interior achica el gabinete a una estructura de la Jefatura y ocho ministerios: Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto; Defensa; Economía; Justicia; Seguridad Nacional; Salud; Capital Humano; y Desregulación y Transformación del Estado.
Para aliviar la masiva carga administrativa y de gestión que absorberá Santilli, la normativa presidencial habilitó el desdoblamiento del soporte técnico e institucional mediante la creación de dos segundas líneas estratégicas: la Vicejefatura de Gabinete y la Vicejefatura de Gabinete del Interior.
Quienes acompañaban a Santilli en su etapa previa se trasladaron en bloque hacia la estructura de la Jefatura para consolidar su mesa de confianza.
Gustavo Coria dejó formalmente su cargo como Secretario de Interior y fue designado como Vicejefatura de Gabinete del Interior.
Con este movimiento de piezas, el entorno presidencial busca agilizar la toma de decisiones políticas y legislativas, mientras que el control de la comunicación pública y la pauta oficial se reconfigura por cuerda separada.