Según el monitoreo trimestral de la consultora Indaga, la asfixia financiera es casi total en los hogares, donde las expectativas de rebote cayeron a mínimos históricos. El pesimismo económico ya supera el 80% en el AMBA mientras que el optimismo quedó reducido a un marginal 10%.
Los datos golpean de lleno la narrativa del oficialismo: la desaprobación hacia la gestión del presidente Javier Milei escaló hasta el 72%. Esta caída libre en los niveles de aceptación coincide con un 78% de los habitantes que confiesa que ya no llega a fin de mes.

El endeudamiento se transformó en la única vía de subsistencia para las familias metropolitanas, alcanzando a un dramático 92% de la muestra. Asimismo, la atribución de culpas se revirtió drásticamente: quienes responsabilizan al actual Gobierno por sus problemas pasaron del 48% hace dos años al 88%.
El relevamiento sobre 3.652 casos mayores de 16 años detectó además un estallido en la incertidumbre laboral. En el AMBA, el temor a sufrir el desempleo saltó del 49% registrado hace dos años a un aplastante 87% en la medición de junio.
El pesimismo a futuro terminó por demoler el argumento oficialista del sacrificio para una recompensa posterior. El 68% de los encuestados proyecta que su situación estará peor dentro de seis meses, mientras que un escaso 7% considera que las cosas van a mejorar.
El contraste con junio de 2024 expone el desgaste del modelo de ajuste. Mientras que hace dos años las expectativas estaban empatadas en un 35%, la experiencia de la vida cotidiana terminó por sepultar la paciencia social en el principal bastión electoral del país.