La interna del peronismo bonaerense ingresó en una fase de abierta beligerancia y sin retornos discursivos a la vista.
En el marco de un nuevo aniversario del Día de la Bandera y al cumplirse exactamente un año del inicio de la detención efectiva de Cristina Fernández de Kirchner, La Cámpora copó los terrenos de Parque Lezama para escenificar una masiva demostración de fuerza militante y fijar una postura intransigente ante el resto de las tribus del movimiento nacional y popular.
El mensaje político de la jornada fue nítido: la organización satélite del cristinismo endureció al máximo sus condiciones de convivencia interna y salió a exigir una definición política perentoria y sin ambigüedades a la totalidad de la dirigencia respecto de la situación judicial y el liderazgo de la exjefa de Estado.
Desde el estrado principal advirtieron de forma taxativa que en la coyuntura actual no existe el más mínimo margen para “posiciones intermedias” o silencios de conveniencia territorial.
El diseño del encuentro reflejó de manera fiel la profundidad de la fractura expuesta que arrastra el oficialismo provincial.
El dato político más saliente de la tarde fue la ausencia total en el palco del gobernador Axel Kicillof y del líder del Frente Renovador, Sergio Massa. Las faltas voluntarias del referente del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y del exministro de Economía expusieron el recelo y la distancia insalvable que hoy mantienen con la cúpula camporista.
“Está muy claro quién debe conducir este proceso político... Muchos esperaron para poner en duda esa conducción recién cuando Cristina estuvo presa”, resaltó en el escenario.