viernes 19 de junio de 2026 - Edición Nº2753

Provincia | 19 jun 2026

La era Milei

Emergencia alimentaria: el impacto de la inflación en los bolsillos bonaerenses

El relevamiento del ISEPCI en el Conurbano y el Interior expone que la desaceleración de la inflación no impacta en la mesa familiar.


La pretendida estabilidad de las variables macroeconómicas nacionales no logra traducirse en un alivio para la economía real de los hogares de la Provincia de Buenos Aires.

Un crudo informe socioeconómico difundido por el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI) encendió las máximas alarmas en los municipios de la región al revelar que, durante el mes de mayo, el 77% de las familias bonaerenses se vio obligado a suspender la compra de alimentos esenciales debido a la falta de recursos económicos.

El estudio, estructurado sobre encuestas directas en barrios populares del Conurbano y de diversos centros urbanos del Interior, ratifica que la moderación de los índices de inflación general de los últimos meses no se refleja en una mejora del consumo.

Por el contrario, el documento técnico concluye que ocho de cada diez hogares atraviesan severas dificultades para sostener una dieta saludable y variada, instalando el estrés y la presión financiera como un componente permanente de la vida cotidiana.

Radiografía del recorte: saltearse comidas para llegar a fin de mes

La investigación del ISEPCI abarcó un muestreo de más de 1.300 hogares distribuidos en 30 municipios estratégicos del Conurbano, incluyendo además relevamientos en nodos urbanos como La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca, Pergamino y Olavarría.

Los indicadores de vulnerabilidad social y alimentaria arrojados por el censo barrial exponen una realidad de extrema gravedad. El 79% de los hogares con menores de edad reconoció de forma expresa que, al menos una vez durante el mes de mayo, los niños y adolescentes no pudieron acceder a una alimentación adecuada por la falta de dinero en el hogar.

El 66% de las familias bonaerenses admitió que debió eliminar de forma directa al menos una de las comidas diarias (desayuno, almuerzo, merienda o cena) como única alternativa de supervivencia para lograr estirar los ingresos hasta el cierre del mes.

El 86% de los encuestados manifestó vivir bajo un estado de preocupación constante y presión financiera permanente, un reflejo del deterioro acumulado del poder adquisitivo frente al costo real de la canasta básica.

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