La Argentina volvió a las calles este 3 de junio bajo la consigna “Ni Una Menos” para exigir un freno urgente a la violencia de género. La convocatoria, que ya estaba prevista, se amplificó con la conmoción por el brutal femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años encontrada desmembrada en un descampado de Córdoba.
Las cifras siguen siendo escalofriantes: en lo que va del año, se registró un femicidio cada 35 horas, y la mayoría, un 60%, fue perpetrado por parejas, exparejas o familiares directos.
Sin embargo, desde la organización Ni Una Menos advierten sobre un “subregistro” de estos crímenes, acusando al gobierno de Javier Milei de intentar desvirtuar la realidad al referirse a ellos como “homicidios de mujeres”, negando la especificidad de la violencia de género y desmantelando años de construcción política.
Pero la protesta de este miércoles trascendió la denuncia específica de la violencia machista para abrazar un reclamo más amplio y político.
“Salimos los transfeminismos para derrotar a Milei, al FMI y a sus cómplices”, resonó en el comunicado oficial, que apuntó directamente contra el plan económico del gobierno. Las manifestantes expresaron estar “hartas del ajuste y del fascismo”, y denunciaron “el hambre de jubiladxs, la persecución política y la avanzada de las ‘falsas denuncias’”.
La consigna “Vivas, libres y desendeudadxs nos queremos” sintetizó esta doble dimensión de la lucha. El movimiento feminista vincula la violencia de género con la precarización económica, argumentando que “la deuda nos empobrece en cada hogar” y que el FMI exige que “paguen lxs trabajadorxs más empobrecidos para beneficiar a los ricos que se están quedando con el país”.