Mauricio Macri atraviesa uno de sus momentos de mayor centralidad y actividad política desde que dejó el poder en 2019. Luego de haber sido el garante del triunfo de la centroderecha en el balotaje, el expresidente decidió recalcular su relación con la Casa Rosada.
Absolutamente distanciado de Javier Milei, el titular del PRO viene multiplicando sus gestos de autonomía, criticando la veta “profética” que se autoatribuye el jefe de Estado y marcando una frontera nítida con el ecosistema de La Libertad Avanza.
En las filas del partido amarillo, este hiperactivismo es leído sin rodeos como la antesala de un operativo retorno para las elecciones presidenciales de 2027. Sin embargo, en el círculo íntimo de Macri aclaran que el terreno está en fase de exploración y que el exmandatario difícilmente arriesgue su capital histórico en una aventura electoral si las encuestas no le garantizan oportunidades reales y competitivas de volver a Balcarce 50.
El distanciamiento entre ambos líderes no responde a diferencias sobre el rumbo de fondo, ya que Macri sigue manteniendo plenas coincidencias con el plan macroeconómico y el norte desregulador que ejecuta la gestión libertaria. El verdadero quiebre se estructuró sobre las metodologías políticas y el destrato hacia las estructuras tradicionales de la centroderecha.
El punto de no retorno se alcanzó con el denominado caso Adorni, la crisis que terminó de eyectar a la estrategia de la Casa Rosada de la mesa de contención de Macri. El blindaje oficialista sobre el vocero presidencial y el manejo de la comunicación digital por parte del esquema de Santiago Caputo fueron interpretados por el exmandatario como una provocación y una muestra de la improvisación que le critica al entorno presidencial.
Pese a la virulencia de los cruces soterrados, Macri es un pragmático y evita por ahora una ruptura definitiva que termine fragmentando al electorado y facilitando un retorno del peronismo.
La estrategia de preservación del PRO contempla un doble juego de cara a los próximos turnos electorales. Mantener abierta la posibilidad de una alianza o candidatura común en el principal distrito electoral del país, la provincia de Buenos Aires. En los despachos amarillos suena con fuerza el nombre de Diego Santilli como la figura de consenso para encabezar un armado integrado que contenga tanto a los intendentes del PRO del interior como al despliegue territorial de los libertarios.
Con encuestas nacionales que demuestran que Milei, Macri y Bullrich comparten el mismo techo electoral del 30% y pescan dentro de la misma pecera, la decisión de Mauricio Macri de "animarse" a competir dependerá de cuánto se profundice el desgaste de la gestión económica de Milei.