El tablero sindical se sacudió al conocerse que Hugo Yasky, histórico titular de la Central Trabajadores Argentinos de los Trabajadores, confirmó que no buscará una nueva reelección.
Con esta decisión, el dirigente cierra un ciclo de casi dos décadas de liderazgo, que comenzó en 2006 y lo consolidó como una figura clave ligada al campo nacional y popular y al sindicalismo docente.
El paso al costado de Yasky no fue una retirada silenciosa. Por el contrario, estuvo acompañado de una explícita unción: Roberto Baradel, actual secretario general de la CTA en la provincia de Buenos Aires y referente del sindicato docente bonaerense (SUTEBA), es el elegido para encabezar la próxima etapa.
Yasky justificó su elección en la necesidad de un recambio generacional, buscando un líder “capaz de transitar el próximo período de 10 años, con la fuerza suficiente y las capacidades intactas” para la defensa de los trabajadores.
Yasky también apuntó directamente a la Confederación General del Trabajo (CGT), criticando su accionar. Señaló una “debilidad congénita” en su conducción, a la que describió como "empleados que atienden el mostrador de la CGT, trabajando para otros gremios grandes que digitan en las sombras".
La eventual llegada de Baradel a la conducción de la CTA implica la continuidad de una línea sindical combativa, fiel al legado de Yasky.
Sin embargo, también abre una etapa donde el principal desafío será ampliar la representación en un mercado laboral cada vez más precarizado y fragmentado, adaptándose a las nuevas realidades de empleo y desempleo en el país.