La industria láctea argentina ha sufrido un golpe letal en su corazón histórico. La Justicia de Santa Fe decretó formalmente la quiebra de SanCor Cooperativas Unidas Limitada, la firma que durante décadas fue sinónimo de producción nacional y orgullo cooperativo.
El juzgado de Rafaela, que llevaba adelante un concurso preventivo ya agotado, decidió bajar la persiana definitiva al desestimar cualquier posibilidad de salvataje (crowndown), ante un cuadro de insolvencia que el propio fallo califica como “generalizado e irreversible”.
Con una deuda consolidada que sobrepasa los 120 millones de dólares y meses de salarios e incrementos adeudados a sus trabajadores, la empresa ya no tenía margen de maniobra.
La resolución judicial marca el final de una trayectoria iniciada en 1938 en Sunchales, pero que tuvo un impacto directo en la economía de la provincia de Buenos Aires.
En su época de esplendor, durante los años 90, la cooperativa procesaba más de 4,6 millones de litros de leche diarios, una cifra que hoy parece una utopía frente a la parálisis casi total de sus usinas.
En el territorio bonaerense, la lupa está puesta en la planta ubicada en Don Torcuato, partido de Tigre. El tribunal ha dispuesto una "continuidad operativa limitada" para esta y otras unidades estratégicas, con el objetivo de evitar el deterioro de la maquinaria y los bienes antes de su inminente remate.
Sin embargo, esta medida es meramente provisoria: los síndicos designados deberán presentar un informe técnico en los próximos días para determinar qué sectores pueden seguir funcionando mínimamente y cuáles deben ser clausurados definitivamente.
El desplome de SanCor no solo es una tragedia productiva, sino también un drama social que Axel Kicillof y los intendentes de la región observan con alarma. En un contexto donde el sector lácteo bonaerense ya viene golpeado por la caída del consumo y el aumento de costos logísticos, la desaparición de un jugador de este peso amenaza con desarticular cuencas enteras.