El malestar en las fuerzas de seguridad de la provincia de Buenos Aires ha pasado de los pasillos a las declaraciones públicas de sus representantes. Nicolás Masi, hombre que representa un grupo policial, trazó un diagnóstico demoledor sobre la actualidad de la fuerza: salarios de indigencia, falta de contención psicológica y una conducción política que, según denunció, responde con sanciones en lugar de diálogo.
El dirigente gremial fue directo al centro del reclamo económico, señalando que la estructura actual es insostenible para el personal de calle.
Masi advirtió que el sueldo promedio de un efectivo está muy por debajo de la canasta básica necesaria para una familia tipo, lo que obliga a los policías a buscar ingresos en la informalidad o en servicios adicionales.
Ante la falta de personal, las horas adicionales dejaron de ser voluntarias para convertirse en una exigencia. El sector denuncia que estas tareas están "mal liquidadas" y profundizan el agotamiento físico de los agentes.
Uno de los puntos más sensibles del relato fue la falta de seguimiento psiquiátrico tras enfrentamientos armados o situaciones traumáticas. "La contención institucional es nula", sentenció Masi.