El panorama para las fábricas argentinas en este arranque de año es de una fragilidad extrema. Según la I Encuesta de la Unión Industrial Argentina (UIA), el Monitor de Desempeño Industrial (MDI) se desplomó hasta los 36,5 puntos en enero, marcando un retroceso de 7,5 puntos respecto a la medición previa.
Este dato no es aislado: consolida 15 meses consecutivos de contracción, ubicándose muy por debajo del umbral de 50 puntos que separa la expansión de la crisis.
El informe de la central fabril revela que la parálisis no es solo estadística, sino operativa. La combinación de vacaciones, paradas de planta y una demanda interna pulverizada generó un combo letal para el sector.
La falta de actividad ya se traduce en una reducción de las plantillas laborales. El 22,2% de las industrias registró una baja en sus niveles de empleo en enero. Ante la crisis, las empresas han tomado distintas estrategias para ajustar su estructura, como reducción directa de personal; recorte de turnos y suspensiones.
El informe enciende alarmas sobre la cadena de pagos. Casi la mitad de las industrias (45,6%) admitió dificultades para afrontar compromisos básicos. Los mayores problemas se dan en el pago de impuestos (33,2%) y a proveedores (31,9%), lo que obliga a las pymes a endeudarse a corto plazo con altos intereses.
Lo más preocupante es el cambio en las preocupaciones empresariales. Si bien la caída de la demanda es el problema número uno, la competencia de bienes importados escaló rápidamente al tercer puesto (19,4%), reflejando el impacto de la apertura comercial en sectores como el textil, el calzado y los frigoríficos (como vimos en los casos de San Roque y Copper Shoes).