El discurso de Axel Kicillof en el encuentro federal de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) no representó únicamente una impugnación doctrinaria e industrial al modelo macroeconómico de Javier Milei.
En términos de construcción de poder, el Golden Center funcionó como el escenario ideal para que el mandatario provincial ensayara una sintonía fina con el empresariado pyme y el sector productivo nacional, utilizándolo como un escudo de gestión justo cuando la interna peronista amenaza con licuar su centralidad de cara al armado electoral.
Al centrar su argumentación en la “asfixia del entramado local” producto de variables macroeconómicas muy precisas, Kicillof buscó bajar la discusión política a tierra.
En momentos donde el Instituto Patria le reprocha su distancia física de la expresidenta y La Cámpora lo arrastra a una disputa de liderazgos nostálgicos, el gobernador eligió responder con el idioma del territorio que administra: persianas cerradas, desempleo e indicadores recesivos que golpean directamente al tejido social de la provincia de Buenos Aires.
Frente a un auditorio que reunió a las cúpulas empresariales más influyentes, como Martín Rappallini (UIA), Natalio Grinman (CAC) y Nicolás Pino (SRA), Kicillof se paró en la vereda opuesta de la tesis oficialista que describe una recuperación en forma de "V" o un rebote centrado en sectores extractivos.
Mientras los jefes territoriales empiezan a crujir por la falta de recursos y la presión de las demandas sociales locales, la gobernación les ofrece una narrativa unificada: la crisis no es un problema de gestión provincial, sino la consecuencia matemática de un plan nacional diseñado para primarizar la economía.
Al mostrarse rodeado por su gabinete productivo, Augusto Costa (Producción) y Walter Correa (Trabajo) y compartiendo institucionalidad con Jorge Macri y referentes de la CGT, Kicillof buscó enviar un mensaje de volumen político y pragmatismo de gestión.
Ante el avance de un ala dura decidida a exigirle pleitesía al Instituto Patria, el gobernador bonaerense intenta demostrarle al peronismo orgánico y a los gobernadores aliados que su figura sigue siendo la única capaz de conciliar el reclamo de los sectores productivos, el movimiento obrero y el voto mayoritario del electorado independiente.