El fantasma de un paro total en el transporte público del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se disipó, pero la calma duró poco y no llegó a las paradas de colectivo. Este miércoles, la postal se repitió: largas colas, frecuencias fantasma y la paciencia de los usuarios al límite.
Lo que se vendió como un acuerdo para evitar el colapso, en la práctica, se tradujo en un servicio irregular que sigue afectando a millones de personas que dependen del colectivo para ir a trabajar o estudiar.
Desde la Secretaría de Transporte de la Nación, la postura es clara: "Estamos haciendo lo que hay que hacer. Pagarles y reunirnos". De hecho, este miércoles se transfirieron los subsidios que la Nación debía a las empresas.
Sin embargo, este pago, aunque parcial, no logró destrabar la situación por completo, generando un nuevo capítulo en esta saga de tensiones que tiene a los pasajeros como rehenes.
Las empresas de transporte, por su parte, no tardaron en ponerle nombre y apellido a su descontento. Marcelo Pasciuto, titular de la influyente empresa DOTA, fue contundente: "El sistema de transporte está colapsado".
Explicó que el gobierno depositó apenas la mitad de lo adeudado para las líneas nacionales: de los 19,5 millones de pesos que se les debían, solo llegaron 9 millones. Para ponerlo en perspectiva, lo que se les adeuda equivale a casi una patrulla policial nueva, y lo que recibieron apenas cubriría la mitad de ese costo.