El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, empezó a dar señales concretas de una estrategia que busca tender puentes con el campo y correr los límites históricos del peronismo en su relación con el sector agropecuario. En ese marco, se reunió con el ex presidente de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi.
Del encuentro también participaron representantes de productores, y allí coincidieron en un diagnóstico crítico sobre la situación actual. “Milei está dejando a la producción devastada”, sostuvo Buzzi, alineándose con el planteo del oficialismo bonaerense.
Pero más allá del análisis coyuntural, el dirigente rural dejó una definición con peso político: “Las diferencias del pasado prescribieron”, afirmó, en alusión al histórico conflicto entre el kirchnerismo y el campo, que marcó durante años la relación del peronismo con ese sector.
El acercamiento no es menor. Los productores llegaron con expectativas de conocer la posición del gobernador frente a la política agropecuaria, y tras la reunión hablaron de “plenas coincidencias”. Buzzi, incluso, planteó su disposición a colaborar “en la reconstrucción del país”, en un gesto que busca dejar atrás viejas tensiones.
El factor Milei y el nuevo lugar del agro
El movimiento de Kicillof se da en un contexto económico atravesado por la gestión de Javier Milei, donde los datos oficiales muestran una fuerte heterogeneidad sectorial: mientras el agro crece y se consolida como uno de los principales generadores de divisas, otros sectores como la industria, la construcción y el comercio registran caídas.
Ese escenario revaloriza el rol del campo dentro del esquema productivo y lo convierte en un actor clave para cualquier estrategia económica.
En ese tablero, el gesto de Kicillof forma parte de una estrategia más amplia para ampliar su base de sustentación política y disputar apoyos en sectores que tradicionalmente estuvieron lejos del peronismo, en un escenario donde la construcción de una alternativa nacional empieza a jugarse mucho antes de 2027.