El escenario político y económico argentino se calienta al ritmo de las declaraciones cruzadas entre dos figuras centrales: el ministro de Economía, Luis Caputo, y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof.
El foco de la disputa es ni más ni menos que el superávit energético que hoy exhibe el país, un hito que, según Kicillof, sería una consecuencia directa de la estatización de YPF. Sin embargo, desde el Gobierno nacional la lectura es radicalmente opuesta, atribuyendo el mérito a un cambio de rumbo profundo en la política energética.
Caputo no dudó en salir al cruce, desestimando de plano la narrativa del gobernador bonaerense. Para el ministro, el actual saldo positivo en materia energética “nada tiene que ver con la expropiación de YPF”, sino que es el fruto de una serie de medidas implementadas desde el inicio de la gestión del presidente Javier Milei.
En un tono crítico, el titular de Hacienda calificó las afirmaciones de Kicillof como "alocadas" y sostuvo que solo encuentran eco en “un grupo menor de fanáticos”.
Entre los pilares de la argumentación oficialista, Caputo destacó la recomposición de tarifas como una herramienta indispensable para reestablecer las señales de precios, cruciales para atraer inversiones al sector. Además, subrayó la importancia de la cancelación de deudas heredadas, que permitió normalizar el funcionamiento del sistema energético nacional, sentando las bases para la recuperación.
Caputo enfatizó que la reversión del déficit energético se habría producido “independientemente del carácter estatal o privado de YPF”.