El Gobierno envió al Congreso un proyecto de reforma estructural del mercado de seguros. La iniciativa, presentada por el presidente Javier Milei, propone que las compañías aseguradoras tengan “libertad absoluta” para diseñar y comercializar productos sin necesidad de autorización previa del organismo de control. Es decir, la desregulación alcanzará a la Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN) que pasará a concentrarse en supervisar la solvencia de las empresas y proteger a los asegurados frente a estafas. En este sentido, el presidente expresó que el sector es “burocrático, limitado e ineficiente”.
Desde el mercado asegurador seguimos con atención cada uno de estos anuncios. Hace más de 20 años que desarrollo la profesión, con la última década enfocada en organizar, asesorar, capacitar y fortalecer a los productores asesores de seguros (PAS). Entonces, cualquier transformación que apunte a la regulación, la oferta de productos o la dinámica comercial, necesita ser analizada técnicamente más allá de los grandes titulares: la modernización, cuando está bien planificada y ejecutada, puede traer beneficios reales para las compañías, los asesores y, sobre todo, para las familias que buscan ser respaldadas.
Pero hay una convicción que no depende de ninguna reforma y sostenemos desde nuestros orígenes: el rol del asesor de seguros es insustituible. Ninguna desregulación, por profunda que sea, puede reemplazar el vínculo humano que un productor construye con cada persona a la que asesora. Un dato concreto de esta relación: hay más de 53 mil profesionales matriculados en el país y alrededor de 36,9 millones de pólizas vigentes.
Se puede simplificar un trámite, agilizar una autorización o ampliar el menú de coberturas, pero la confianza que necesita un asegurado para elegir bien cómo proteger su salud, su patrimonio o el futuro de los suyos, se construye con cercanía, escucha y presencia sostenida en el tiempo. Eso sólo lo genera un asesor profesional que no gestiona base de datos frías o simplemente pólizas, sino personas que tienen necesidades, intereses e historias de vida.
Más allá de que nuestro mercado se libere, pueda innovar, “abaratar costos o mejorar prestaciones”, como afirmó el presidente, el valor del asesor crecerá si se cumplen tres condiciones. La primera es la capacitación constante: un especialista cada vez más formado, actualizado y con herramientas tecnológicas está en mejores condiciones de explicar, comparar y acompañar a sus clientes en un sector hipercompetitivo. La segunda es el respaldo de aseguradoras líderes, con trayectoria, solvencia y años de trabajo sólido en la Argentina, que sostengan sus compromisos en el largo plazo. Y la tercera es la existencia de organizaciones de asesores, las cuales ponemos a disposición un equipo especializado que facilita y agiliza su gestión diaria, para que puedan enfocar su tiempo a lo que ninguna reforma puede reemplazar: estar cerca de las personas.
Es el único activo que no puede digitalizarse y se construye todos los días. Es, justamente, el lema que guía nuestro trabajo hace más de 20 años, transformando el mercado asegurador: “creer en el compromiso de asesorar".