El mapa de postulaciones anticipadas en el peronismo de la provincia de Buenos Aires sumó un giro táctico de relevancia en la tercera sección electoral.
La intendenta de Quilmes en uso de licencia, Mayra Mendoza, comenzó a diseñar un sutil repliegue en la intensidad de su confrontación pública con el entorno del gobernador Axel Kicillof.
La estrategia, tejida en el más estricto hermetismo partidario, no implica una renuncia a sus ambiciones territoriales; por el contrario, apunta a bajar el perfil de la discusión discursiva para pavimentar de manera ordenada una potencial candidatura de cara a la sucesión provincial de 2027.
En los despachos de los altos mandos camporistas argumentan que la ventilación constante de las diferencias metodológicas con el kicillofismo genera un desgaste innecesario ante una base electoral golpeada por el ajuste de la Casa Rosada.
Al enfriar los cruces dialécticos que marcaron la agenda del primer semestre, Mendoza busca preservar los canales institucionales de negociación y evitar que una fractura anticipada debilite la gestión del principal bastión opositor del país. La consigna que baja desde su entorno es clara: ordenar la tropa propia sin dinamitar los puentes con la Gobernación.
En su rol, quienes agitan las discusiones con la Gobernación bonaerense son otras dos espadas de Máximo Kirchner, el diputado y jefe de la bancada oficialista, Facundo Tignanelli y el senador Emmanuel González Santalla.
Este repliegue táctico coincide de lleno con la aceleración de otros competidores directos de la sección, como el exintendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, quien ya activó recorridas por el conurbano y el interior.
Pese a este movimiento táctico, no implica que la bandera de “Cristina Libre” sea un emblema en sus intervenciones y recorridas que protagoniza la diputada bonaerense.
El reposicionamiento de Mayra Mendoza la ubica de forma natural como la principal carta de acumulación que posee La Cámpora para disputar la conducción del territorio bonaerense en el mediano plazo.
A diferencia de las posturas más rígidas de la conducción partidaria, la intendenta mantiene vasos comunicantes fluidos con ministros clave del gabinete de Kicillof y con alcaldes del peronismo tradicional que miran de reojo las tensiones extremas.
Esta centralidad la posiciona como una figura de síntesis capaz de dar pelea interna si el escenario electoral de los próximos años obliga a dirimir las candidaturas mediante el sistema de elecciones primarias.