La interna del peronismo de la provincia de Buenos Aires abandonó definitivamente los sutiles canales de la diplomacia partidaria para convertirse en una guerra de trincheras abierta. El Movimiento Evita salió a cruzar con inusual dureza al diputado nacional y jefe de La Cámpora, Máximo Kirchner, tras su fuerte discurso en Parque Lezama.
En ese acto, Kirchner había reclamado entronizar “una candidatura y no candidatos por default”, una frase unánimemente interpretada por el tablero político como un misil directo a la línea de flotación de las aspiraciones presidenciales de Axel Kicillof.
La réplica de las organizaciones sociales no tardó en llegar y expuso el nivel de saturación que existe con la conducción de la organización kirchnerista.
Quien se encargó de corporizar el contraataque fue Eduardo Ancona, secretario General del Movimiento Evita bonaerense, quien no solo defendió la centralidad del gobernador sino que desafió al camporismo a dirimir las diferencias de liderazgo mediante el voto popular.
El Evita, que viene tejiendo una alianza táctica de supervivencia y territorialidad con el kicillofismo y diversos intendentes del Conurbano para licuar el peso de La Cámpora en las listas, utilizó un tono desafiante que transparenta la decisión de dar la disputa por el control del PJ.
“Si Máximo quiere, que compita en las PASO. Axel es nuestro candidato y está dispuesto a enfrentar a cualquiera en una interna. El peronismo tiene que construir la unidad más grande posible para derrotar a Milei, no fomentar una trinchera de división”, fustigó Ancona.
La mención a las Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) toca una fibra hipersensible en el esquema del Instituto Patria, que históricamente ha preferido la metodología de la lapicera y el consenso vertical para el armado de las listas, evitando la dispersión del poder territorial.