La interna que sacude al justicialismo de la Provincia de Buenos Aires expone una transición inconclusa entre la política tradicional del asfalto y la dinámica de los algoritmos.
El peronismo bonaerense conserva una ventaja competitiva histórica basada en su estructura territorial, el control de la mayoría de las intendencias del Conurbano y una probada capacidad de movilización que no depende del ecosistema virtual.
Sin embargo, los datos de los últimos relevamientos digitales advierten que el capital físico y militante no se está traduciendo en el terreno donde se disputará una parte sustancial de la elección ejecutiva de 2027.
Los intendentes y referentes del espacio representan a distritos con cientos de miles de habitantes, articulando obras, servicios y presencia física en cada barrio; no obstante, el vínculo estratégico entre la acción territorial y la conversación digital todavía no está construido.
Entre los siete perfiles medidos, Jorge Ferraresi presenta el más equilibrado, aunque lejos del ideal. Es el único que combina engagement alto (14.000 interacciones), menciones positivas relevantes (36, el mayor número absoluto junto a Mayra Mendoza), diversidad temática (gestión, actividad social, eventos, política), y distribución de fuentes diversificada (52,9% noticias, 24,6% X, 10,4% blogs y presencia en 6 plataformas).
Lo que diferencia a Ferraresi del resto es que tiene un registro que genera adhesión, vinculado a eventos sociales y culturales que otras figuras no presentan.
Sin embargo, su sentimiento negativo sigue siendo del 20,3%: por cada mención positiva hay aproximadamente tres negativas. Su presence score es de 27/100. La excepción, entonces, es apenas un punto de partida y todavía no está consolidada.
La tendencia actual demuestra que los alcaldes vuelcan sus contenidos de forma rígida y vertical, tratando a las redes sociales como un mero folleto electrónico en lugar de un canal de escucha y debate activo.
En el actual ecosistema digital, cruzado por la polarización, los usuarios conocen y discuten a los dirigentes, pero esa visibilidad no se traduce en respaldo político.
De hecho, ningún perfil de los principales referentes evaluados en el territorio bonaerense ha logrado consolidar una comunidad digital nativa que lo defienda en las redes con mayor intensidad de la que es criticado.
La ventaja para el Justicalismo es que aún resta más de un año para los comicios y los perfiles digitales se pueden modificar y mejorar; la mala noticia es que, atrapados en la rosca del palacio, hasta ahora nadie lo está haciendo.