La realidad económica argentina se tiñe de rojo con una crisis crediticia que explota en los bolsillos de millones de familias. Según los últimos datos de abril, la morosidad de los préstamos bancarios a hogares alcanzó un preocupante 12%, el nivel más alto registrado en más de dos décadas.
Esto significa que más de cinco millones de argentinos no logran cumplir con sus compromisos financieros, una cifra que se multiplicó casi por cinco desde octubre de 2024, cuando la mora apenas rozaba el 2,5%.
Este deterioro no es un fenómeno reciente; la tasa de incumplimiento en los hogares acumula dieciocho meses consecutivos de suba, marcando una tendencia preocupante y persistente. De un universo de 20 millones de personas con préstamos, un alarmante 26,7%, es decir, uno de cada cuatro, tiene al menos un crédito en situación irregular, impago desde hace al menos 90 días.
Para poner en perspectiva la magnitud de este problema, 5,3 millones de personas es una cifra que supera la población combinada de provincias enteras como Mendoza y Salta. Es como si la totalidad de sus habitantes estuviera hoy en una situación de endeudamiento crítica, con serias dificultades para acceder a nuevos créditos o incluso para mantener su consumo básico.
Los préstamos bancarios a hogares alcanzó un preocupante 12%, el nivel más alto registrado
El drama no se limita al sistema financiero tradicional. La morosidad también se disparó en las entidades no bancarias, pasando del 30,7% al 31,5% durante abril. Este panorama generalizado implica una consecuencia directa y devastadora: millones de personas quedarán excluidas del circuito crediticio por un tiempo prolongado, lo que ahogará cualquier intento de reactivar el consumo vía financiamiento.
La consultora 1816 advierte que este fuerte deterioro de la calidad crediticia dificulta enormemente que los préstamos vuelvan a funcionar como motor de la economía.