El escenario político del peronismo se mantiene en plena ebullición, con un Javier Milei que, a pesar de la caída de su imagen y los malos números económicos, no logra unificar a la oposición.
En este contexto, la relación entre Máximo Kirchner, líder de La Cámpora, y el gobernador bonaerense Axel Kicillof atraviesa un profundo quiebre, con la comunicación cortada desde finales de octubre pasado. Sin embargo, desde el entorno del hijo de la expresidenta, se desliza una tenue esperanza: “Hay vocación de sentarse a discutir”, aunque las diferencias son profundas y las críticas, contundentes.
Desde las filas de Máximo, se señala que el gobernador Kicillof emprendió un “camino propio” sin la esperada sintonía con el resto del espacio. La principal queja es la ausencia de nuevas canciones, es decir, de un discurso y una estrategia renovada que haga frente a la narrativa libertaria.
También se cuestiona la suspensión por noventa días del plan MESA, una asistencia alimentaria crucial para los sectores más vulnerables de la provincia de Buenos Aires, y el discurso del “escudo y red” bonaerense que prometía blindar a la provincia de la “motosierra” nacional, visto como una prioridad de comunicación por encima de la política real.
La percepción es que el espacio de Máximo ha mantenido una postura defensiva, mientras el aleccionamiento del poder fáctico avanza. “Si no pedís por Cristina libre entonces funcionó el aleccionamiento”, razonan, alertando que el peronismo pagará muy caro no defender a su principal líder.