La realidad económica de Argentina sigue presentando un panorama desafiante para las familias, con el consumo masivo mostrando una debilidad alarmante en abril.
A pesar que la inflación ha comenzado a ceder, el impacto en las ventas de bienes esenciales como alimentos, bebidas y artículos de higiene no solo persiste, sino que se profundiza, evidenciando una desconexión entre la macroeconomía y el día a día del ciudadano.
Los datos de la consultora Scentia revelan que el consumo masivo cayó un preocupante 4,7% mensual en abril, acumulando un retroceso del 3,3% durante el primer cuatrimestre del año.
Las grandes cadenas de supermercados fueron de las más afectadas, con una baja interanual del 4,5% en abril, mientras que mayoristas y kioscos no se quedaron atrás, registrando descensos cercanos al 4,8%.
La contracción se hizo sentir especialmente en rubros que antes eran parte de la compra habitual: los productos impulsivos, como las golosinas, se desplomaron un 14,1%, y los alimentos perecederos cayeron un 10,5%.
Esto dibuja un consumidor que recorta lo "extra" y se enfoca estrictamente en lo indispensable, dejando de lado cualquier gusto o comodidad.
Los gastos regulados, como tarifas de servicios y transporte, continúan creciendo por encima de los salarios y del resto de los precios de la economía.