El cine "Tita Merello" de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) fue el escenario de un momento de alta tensión política este miércoles, cuando el expresidente Eduardo Duhalde presentaba un libro sobre su gestión en la provincia de Buenos Aires.
Lo que se perfilaba como un acto de relanzamiento para su nuevo espacio, el "Movimiento Productivo", se vio súbitamente alterado por la irrupción de un pasado doloroso y aún no cicatrizado para muchos.
En medio de la exposición sobre el volumen “La gobernación de Eduardo Duhalde desde 1991 a 1999”, escrito por Aritz Recalde, familiares y amigos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, asesinados en el Puente Pueyrredón en 2002, se hicieron sentir. Su presencia no fue casual, sino una manifestación explícita de un reclamo que perdura a lo largo de los años.
<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="es" dir="ltr">El rector de la UNla Bozzani abre la universidad a los ajustadores de Milei como el gallego Álvarez y ahora al asesino Duhalde, No olvidamos ni perdonamos la Masacre de Avellaneda ¡Darío y Maxi presentes! Basta de impunidad ¡A dónde vayan los iremos a buscar! Todo el repudio! <a href="https://t.co/DipVcNer3B">pic.twitter.com/DipVcNer3B</a></p>— Federico Nahuel (@FedericoNahueL0) <a href="https://twitter.com/FedericoNahueL0/status/2057299755462459615?ref_src=twsrc%5Etfw">May 21, 2026</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
El grito de “¡A donde vayan los iremos a buscar!” resonó en la sala, cargado de la memoria de aquellos trágicos hechos. Este cántico, que se ha convertido en un símbolo de la lucha por justicia, puso de manifiesto que, para estos allegados, la figura de Duhalde sigue ligada a la exigencia de esclarecer responsabilidades más allá de los autores materiales de los crímenes.
Sentado a la mesa principal, junto al autor y otros expositores, Duhalde recibió los cánticos con una amplia sonrisa, una reacción que, lejos de apaciguar los ánimos, probablemente encendió aún más la indignación de los manifestantes. Este gesto fue interpretado por muchos como una provocación en un contexto de profundo dolor y demanda de justicia.