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La crisis económica y las nuevas flexibilizaciones normativas sumaron un capítulo de alta tensión en la cuenca lechera bonaerense. Los trabajadores de la emblemática empresa láctea Yatasto, ubicada en la localidad de Navarro, se encuentran en estado de alerta ante la estrategia de la firma para cambiar drásticamente su encuadre laboral.
El foco de los cuestionamientos gremiales apunta de manera directa al empresario Luciano Di Tella, figura clave de Lácteos Dorrego (controladora de Yatasto) y conocido en el ámbito político por haberse desempeñado como subsecretario de Desarrollo de Economías Regionales durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.
Desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra), seccional Lobos, leyeron la maniobra como un intento explícito de precarización amparado en el nuevo marco legal nacional.
El delegado gremial Nelson Rey fue tajante al vincular el accionar de la empresa con los cambios legislativos: “Gracias a la nueva reforma laboral estamos pasando por esto. Cuando viene el impacto de la reforma, los señores, obviamente como todo chanta, empezaron a hacer toda esta chanchada”, disparó, señalando que la firma esperó la vigencia de la normativa para avanzar sobre los derechos adquiridos y eliminar el convenio colectivo del sector.
El principal obstáculo que enfrenta el sindicato para frenar la medida es el crítico contexto socioeconómico que atraviesa el interior bonaerense, donde la escasez de fuentes de trabajo limita el margen de resistencia de los operarios. Navarro, una comunidad de apenas 20.000 habitantes, sufre con fuerza las políticas de ajuste del Gobierno nacional.
“La gente está desesperada por el tema económico. Van por 700.000 pesos para trabajar, no les importa en qué relación de dependencia los pongan, van ahí a laburar”, describió Rey con crudeza respecto a la realidad local.
El dirigente gremial explicó que en una localidad pequeña donde todos se conocen, la urgencia familiar prevalece sobre la estabilidad del encuadre sindical. "Hablamos con los chicos y todo el mundo dice lo mismo: 'Yo tengo que mantenerme'. El que tuvo la suerte de pasar a ganar un millón de pesos cuando antes ganaba 400.000, lamentablemente no se mueve de ahí por miedo a quedarse sin nada", concluyó el referente de Atilra. El gremio evalúa los pasos legales a seguir ante el Ministerio de Trabajo provincial para frenar lo que consideran un peligroso antecedente de fraude laboral en la región.