La postal de la Argentina actual se dibuja con trazos de incertidumbre y ajuste, y los municipios de la provincia de Buenos Aires no escapan a esta cruda realidad. Lejos de la vorágine del Conurbano, las localidades del interior bonaerense sienten con mayor crudeza el impacto de una economía que no da tregua.
En este escenario, el intendente de Colón, Waldemar Giordano, uno de los intendentes que responde a la organización de Máximo Kirchner, lanzó una advertencia preocupante que resuena en cada rincón del territorio: “Hoy no tenemos para los aguinaldos”.
La declaración de Giordano no es un lamento aislado, sino el reflejo de una situación financiera “ajustadísima” que atraviesa su distrito y muchos otros. La caída constante de la coparticipación, ese salvavidas económico que llega desde la provincia, ha obligado al municipio a echar mano de sus escasos ahorros para mantener el funcionamiento básico.
La preocupación es palpable: si no logran generar ingresos y recursos propios a corto plazo, la administración local se verá forzada a tomar medidas drásticas.
Giordano se suma a los alcaldes de Mercedes, Juan Ignacio Ustarroz, y de Suipacha, Luis Mancini, quienes transpiraron para conseguir pagar los salarios de abril, advirtiendo los problemas que tienen para afrontar los compromisos con los proveedores.
El intendente de Colón no dudó en señalar directamente el origen de gran parte de sus problemas: los recortes provenientes del gobierno nacional. Según su testimonio, los municipios viven “recortes de todo tipo todos los días”.
Esta tijera impacta en áreas sensibles como los programas alimentarios, la suspensión del vital Plan Remediar y las demoras crónicas del PAMI en los pagos a farmacéuticos y médicos, trasladando la carga operativa y financiera a las ya debilitadas comunas.