El Congreso de la Nación se prepara para un martes de definiciones cruciales en la conformación de las comisiones bicamerales, y el centro de todas las miradas es la de Fiscalización y Seguimiento de los Organismos y las Actividades de Inteligencia.
Este cuerpo, vital para el control de los fondos reservados y las operaciones de la exSIDE, se convirtió en el epicentro de una disputa sórdida que expone las tensiones internas en La Libertad Avanza y el resquebrajamiento de su relación con el PRO.
La contienda principal se libra por la presidencia de la comisión. Por un lado, el diputado nacional Sebastián Pareja, un hombre de la estricta confianza de Karina Milei, la secretaria general de la Presidencia.
Por el otro, el diputado del PRO Cristian Ritondo, a quien el oficialismo, con Martín Menem a la cabeza, le había prometido el cargo meses atrás, un acuerdo que ahora parece roto por la intervención directa de la hermana del Presidente.
Este viraje en la postura oficialista no es casual. Se inscribe en el marco de una escalada en la “guerra fría” de posiciones que Karina Milei mantiene con Santiago Caputo, el influyente asesor presidencial que, a través de Cristian Auguadra (titular de la SIDE) y José Lago Rodríguez (subsecretario administrativo a cargo de la caja), ejerce un control significativo sobre el aparato de inteligencia, un terreno que ahora la hermana del Presidente busca equilibrar con un alfil propio.
La jugada de la secretaria general de la Presidencia desató la furia del PRO. Ritondo, a quien se le había prometido la silla, puso el grito en el cielo ante lo que consideró otra humillación en la tensa relación con La Libertad Avanza.
La importancia de la Comisión Bicameral de Inteligencia radica en su capacidad para supervisar el destino de los millonarios fondos reservados y las operaciones de los servicios de inteligencia, un área históricamente opaca y con gran potencial de influencia política.