La alegría por el techo propio duró apenas unas semanas para 58 familias platenses. Lo que el gobernador Axel Kicillof presentó a fines del año pasado como un hito de gestión habitacional en el Barrio Tercera Etapa de Infraestructura, ubicado en Avenida 1 y Calle 85, se transformó rápidamente en una pesadilla de escombros y humedad. Irónicamente, los adjudicatarios son trabajadores del propio Instituto de la Vivienda y del Ministerio de Infraestructura bonaerense, quienes hoy denuncian que las casas sociales que recibieron presentan fallas de construcción tan graves que las hacen prácticamente inhabitables.
El complejo forma parte de un programa provincial que se desarrolló en tres etapas; mientras las entregas de 2014 y 2015 transcurrieron con normalidad, la tanda final detonó el conflicto.
A pocos meses de haber recibido las llaves, los vecinos se encontraron con un escenario desolador: techos que filtran agua como si fueran coladores, paredes con grietas profundas y sistemas de desagüe que colapsan ante cualquier llovizna, inundando los interiores.
Para estos trabajadores, que dedicaron años de esfuerzo a este proyecto, la ilusión de la estabilidad se esfumó entre baldes para juntar goteras.
El drama no es solo material, sino también institucional. Existe un malestar profundo por la paradoja de que los propios organismos encargados de velar por la calidad de las obras públicas en toda la provincia —Vivienda e Infraestructura— hayan fallado de manera tan estrepitosa en su propio barrio.
“Es la casa del herrero con cuchillo de palo, pero con nuestra vida adentro”, graficó uno de los damnificados. Las familias aseguran que, a pesar de los reclamos formales, las respuestas oficiales son lentas y no ofrecen soluciones estructurales definitivas.
La situación técnica de las viviendas es crítica. Según los relevamientos que los propios vecinos han tenido que costear, los materiales utilizados en la tercera etapa serían de una calidad inferior a los proyectados, o bien el proceso de fiscalización de la obra fue inexistente.
Hoy, el barrio muestra casas en ruinas antes de haber sido estrenadas debidamente, con el riesgo eléctrico que implica la convivencia de cables y humedad constante, un combo peligroso que aqueja a niños y adultos mayores por igual en la zona de 1 y 85.