La Unión Cívica Radical bonaerense volverá a reunirse este jueves en La Plata con un objetivo claro: ordenar el caos interno y evitar que la crisis derive en una fractura abierta.
Con el calendario electoral ya confirmado y el aval judicial que terminó de inclinar la cancha, el sector que conduce Maximiliano Abad mueve fichas para reagrupar tropa, fijar posición y mostrar control en un escenario que sigue lejos de cerrarse.
La foto no es menor. Dirán presente nombres pesados como Daniel Salvador y Gustavo Posse, en un intento de exhibir volumen político en un momento donde el radicalismo pelea por no quedar corrido del tablero.
Un fallo que reordenó y tensó el tablero
El punto de quiebre fue la decisión del juez federal Alejo Ramos Padilla, que rechazó la impugnación del sector de Miguel Fernández y validó el adelantamiento de las internas al 7 de junio.
El fallo fortaleció al bloque que empujó el cambio —abadismo, Evolución y aliados—, pero también dejó expuesta la fragilidad del esquema transitorio que gobierna el partido desde 2025.
La herida viene de antes. En 2024, la UCR quedó atravesada por denuncias, irregularidades y anulaciones que la empujaron a una situación institucional límite. Para sostenerse, el partido armó una conducción de emergencia. Pero lejos de ordenar, ese esquema postergó el conflicto.
Interna abierta, unidad en duda
Con el cronograma en marcha, la presión ahora está puesta en el cierre de listas del 7 de mayo. Antes, el 9 de abril vence el plazo para presentar fichas de afiliación, en un proceso que ya tuvo que extenderse por problemas operativos.
Pero el problema no es técnico, es político.En la dirigencia radical se repite una idea: “no da para una interna”. El costo económico y el riesgo de profundizar la fractura pesan más que nunca. Aun así, las negociaciones para una lista de unidad avanzan lento y sin garantías.
El trasfondo excede la disputa partidaria. Con el gobierno de Javier Milei en tensión y el peronismo en proceso de reordenamiento, la UCR bonaerense enfrenta una definición incómoda.
No es solo quién conduce el partido. Es si el radicalismo puede volver a ser un actor central o si queda reducido a un socio menor con peso histórico pero sin poder real.