La noticia sacudió al sector: Caromar, un gigante de la distribución de productos de limpieza y perfumería, se presentó en concurso preventivo de acreedores ante la Justicia Comercial.
Esta decisión, que formaliza un deterioro que la empresa venía sufriendo desde 2024, llega tras el cierre de cuatro sucursales, más de 100 despidos y una preocupante caída en sus ventas, evidenciando la dificultad de sostener operaciones en el actual clima económico.
Los números hablan por sí solos y muestran la magnitud del golpe. Entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025, las ventas de mercaderías de Caromar se desplomaron un 41,75%, pasando de facturar casi 4.700 millones de pesos mensuales a menos de 2.800 millones.
Para ponerlo en perspectiva, esa caída de casi 2.000 millones de pesos al mes equivale a lo que un laburante promedio gana en unos 2.800 meses de trabajo.
La empresa, controlada por la familia Manassero, atribuyó su crítica situación a una tormenta perfecta: una recesión generalizada que achicó el consumo masivo, una competencia de precios feroz donde se llegó a vender "a pérdida", la falta de mercadería por problemas financieros, y una conflictividad sindical que, según la firma, complicó los ajustes necesarios. Este escenario dejó sin sustento un modelo de negocio basado en la escala y la alta rotación.
Uno de los puntos de quiebre fue el cierre de su fábrica de jabón en polvo, una unidad en la que Caromar había invertido durante cinco años. La planta, que llegó a abastecer a grandes cadenas como Carrefour y Día, dejó de ser viable en 2024 ante lo que la empresa describió como "dumping" de competidores, que vendían por debajo de sus costos.