A pocos días de que el INDEC publique el dato oficial de febrero, el consenso de las consultoras privadas enciende las alarmas en la casa rosada.
Aunque el equipo económico de Javier Milei apuesta a una desaceleración, las mediciones proyectan un índice que se ubicaría cómodamente cerca del 2,7% o 2,8%, rompiendo la tendencia a la baja que el gobierno intentó consolidar en el inicio del año.
Este escenario se da, además, bajo la sombra de una polémica decisión estadística: la suspensión del nuevo índice de precios al consumidor (IPC).
La renuncia de Marco Lavagna al frente del INDEC no fue un hecho aislado. el trasfondo fue el freno a la implementación de un nuevo IPC que buscaba actualizar la foto del consumo de los argentinos. El índice viejo, que se sigue usando, subestima el peso de los servicios públicos, mientras que el nuevo le otorgaba una mayor ponderación, reflejando que hoy las familias destinan una porción mucho más grande de sus ingresos a pagar luz, gas y transporte que a otros bienes.
La clave política es que con el nuevo IPC, la inflación de febrero habría perforado el techo del 3% debido al peso de las tarifas. al mantener el índice desactualizado, el gobierno logra “maquillar” unas décimas que son vitales para su narrativa de estabilidad.