Lo que debería ser un frente unido contra el ajuste se ha transformado en un campo de batalla de interpretaciones. A pocos días del lunes 2 de marzo, fecha en la que el ciclo lectivo 2026 debería comenzar en la provincia de Buenos Aires, el Frente de Unidad Docente Bonaerense (FUD) llega a la huelga sumergido en una fuerte interna.
La polémica estalló cuando Roberto Baradel, titular de SUTEBA, intentó nacionalizar la protesta para suavizar el impacto contra la gestión de Axel Kicillof, pero fue rápidamente desmentido por sus propios socios gremiales.
Fiel a su estrategia de blindar al gobierno provincial, Baradel anunció que el SUTEBA se suma al paro, pero bajo el paraguas de una medida nacional de CTERA. Para el dirigente, el conflicto es puramente responsabilidad del “ajuste de Milei” y los recortes del FONID.
Sin embargo, esta lectura dejó al descubierto una falta de timing político: el paro no nació de una decisión federal de CTERA contra la casa rosada, sino de una rebelión interna en las bases bonaerenses.
La Federación de Educadores Bonaerenses (FEB), liderada por Liliana Olivera, salió al cruce de Baradel de forma tajante. La FEB recordó que ellos fueron quienes picaron en punta con la medida de fuerza hace dos semanas, tras rechazar por “insuficiente” la oferta salarial del 3% para febrero (que sumado al bono de $250.000, los gremios consideran que apenas representa un 1,5% de bolsillo real).
En medio del tiroteo cruzado, Alejandro Salcedo (UDocBA) intentó poner paños fríos y llamó a la “unidad estratégica”.
Para Salcedo, la fractura interna solo beneficia a los sectores que buscan desfinanciar la escuela pública. si bien reconoce los reclamos a la provincia por el “rezago salarial”, UDocBA sostiene que el enemigo principal es el modelo de reforma laboral y educativa que se impulsa a nivel nacional, al que calificó como “poderoso y dañino”.
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