La sesión extraordinaria convocada para este jueves en el Senado bonaerense no será un trámite administrativo más; representa el campo de batalla donde Axel Kicillof medirá su capacidad de conducción real tras haber aceptado presidir el PJ bonaerense.
Con la línea sucesoria hoy en manos del opositor Carlos Kikuchi (debido a las vacantes), el gobernador busca desesperadamente ordenar la casa antes de su discurso del 2 de marzo.
Sin embargo, la negociación con Máximo Kirchner y los sectores territoriales ha entrado en una fase de guerra fría que amenaza con dejar la estructura institucional incompleta.
El esquema de poder en el Senado está fracturado en tres frentes que no logran sintetizar un acuerdo. La apuesta de Kicillof es por Ayelén Durán para la vicepresidencia primera, buscando una figura de confianza directa en la línea sucesoria.
El kicillofismo necesita blindar la secretaría administrativa y la prosecretaría (hoy con Di Bella), espacios que el camporismo reclama como botín de guerra para ceder en otros puntos.
“Necesitamos que el gobernador tenga alguien en la sucesión que concuerde con las políticas que lleva adelante el Ejecutivo y que esté de acuerdo con lo que se resuelve en la Gobernación”, sentenció una altísima fuente y parte de las negociaciones y bromeó: “por lo menos que atienda el teléfono al gobernador”.
El factor Ishii y Berni: el mandamás de José C. Paz, Mario Ishii, aparece como el candidato del kirchnerismo orgánico para la vicepresidencia, contando con un apoyo transversal que deja al Movimiento Derecho al Futuro en soledad.
Por otro lado, Sergio Berni, aunque habría moderado sus pretensiones, sigue siendo un actor de peso que no aceptará un retiro sin una compensación política de fuste.
El silencio de Massa: desde el Frente Renovador han decidido mirar de afuera la pelea entre el kicillofismo y La Cámpora, manteniendo un perfil bajo que les permite conservar su capital político intacto mientras los otros sectores se desgastan en la interna.