Opinión

Universidad Pública: el terror del macrismo

Por Branco Troiano para La Letra Chica.

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por Branco Troiano

22/08/2017 08:25:23

Universidad

La Batalla Cultural encuentra en el mundo de las universidades públicas uno de sus enfrentamientos más significativos, ya que el gobierno de Mauricio Macri trabaja incansablemente para restablecer ciertas ideas que tienten a parte de la sociedad a convalidar la reducción del presupuesto destinado a ese nivel educativo. Bajo una mirada explícitamente economicista, desde Cambiemos ofrecen un paquete de soluciones que podrían calar hondo por su “apego al sentido común”, bien típico de los lineamientos neoliberales.

“¿Qué es esto de hacer Universidades Públicas por todos lados? Basta de esta locura”. Palabras del actual Presidente de la Nación, en una conferencia dada en la UBA, mientras estaba acompañado por el entonces decano de la facultad de Económicas y ex funcionario de su gobierno, José Luis Giusti, quien renunciaría a sus cargos académicos por escándalos de corrupción y violencia de género contra su esposa.

Todo nace desde una fijación de objetivos mercantilistas: la derecha pugna por un mundo en el que las personas no sean más que mercancías y, en el mejor de los casos, mercaderes. Y en esta fijación de objetivos mercantilistas es que se realza la figura de las universidades privadas por su “utilidad”. Para no caer en la educación pública, los sectores más reaccionarios hablan del pragmatismo de lo privado. El estudiante recibido sale a la calle con un saber bien específico, lineal e idóneo para desarrollarse en áreas ya conocidas de memoria por sus estudios. Ahora bien, lo que se obvia gracias a un planeamiento eficiente y eficaz en las universidades privadas es lo que en las públicas se supone como fundamental: la formación ciudadana, la conciencia de clase y la incesante búsqueda por forjar un profesional con intereses sociales que caminen por fuera de lo mercantil.

Es en este arado de tierras fértiles para cultivar mediocridad que nace uno de los puntos fuertes a resaltar por el oficialismo para denostar y subestimar el progreso educativo en los años kirchneristas: la tasa de graduación. A pesar de que entre el 2001 y 2011 los egresos aumentaron en un 68%, los voceros del neoliberalismo insisten con que un 30% de egresos es un número bajo (porque sí, para ellos todo es un número). Retomando ese “apego al sentido común”, sumergir el 30% al mar discursivo de los Jorge Lanata o de los Nelson Castro provoca una concreta legitimación de la principal idea de Cambiemos: recortar el presupuesto.

Siguiendo una mirada humana y progresista, la graduación no es más que la mera frutilla del postre. Es la culminación de un proceso de aprendizaje, realización personal y, como mencioné anteriormente, formación de un profesional con conciencia de clase. Por el contrario, si optamos por deglutir el tema amparados en una visión neoliberal, la graduación pasa a ser lo primordial, es el todo, debido a que gracias a ella es que uno puede “servirle” a la sociedad. Es decir, a su sociedad; la sociedad del consumo enfermizo (que no hace más que propagar la insatisfacción crónica), la sociedad de la producción a prueba de explotación infantil y la sociedad arbitrada por los fondos buitres.

Plantar el eje en la tasa de graduación hace peligrar los cimientos de la fibra íntima de la democratización universitaria: el libre acceso. El acceso irrestricto, por cuestiones obvias, tiende a bajar el nivel de graduación. Por este motivo es que quieren imponer exámenes de ingreso para que sólo las personas que hayan adquirido previamente las herramientas necesarias para afrontar la dificultad universitaria puedan comenzar a estudiar (en una decisión que cuadra con sus lógicas de “inclusión”). Sí, ni siquiera dejarán co-men-zar a una gran cantidad de esperanzados.

A fin de cuentas, es evidente su terror al alumnado público, sufren por su incremento. Es muy simple: allí, el único aire que se respira es el propicio para crear una sociedad que con instrucción y conciencia crítica sea capaz de atentar contra sus proyectos… o directamente destruirlos.

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