Opinión

El caudillismo de la imagen

(*) Por Horacio López - Senador Provincial UCR - Cambiemos

05/12/2016 09:54:11

Lopez

La Argentina parece estar atrapada en un cuento borgiano, condenada a repetirse una y otra vez, en un ciclo infinito de errores y aciertos.

Como país nos llevó un siglo entero, desde la declaración de la Independencia, afirmar nuestra organización política como un Estado moderno, sobre la base de la democracia, y en los partidos políticos como vehículos de esa democracia.

Transcurrimos una larga guerra civil, que enfrentó a unos gobiernos con otros, unas facciones con otras, unas regiones contra otras; y en el medio la gente, que se acostumbró a la violencia política y al precario orden que imponían los caudillos locales.

El caudillismo y la barbarie, como bien lo describió Sarmiento en su obra Facundo, signaron la vida política de nuestra Nación en sus primeros pasos. Y fue un rasgo que, evidentemente, quedó marcado a fuego en la memoria colectiva de una sociedad, a veces oculta, latente, y que a veces emerge con toda potencia en ciertos momentos históricos.

Desde la comodidad de estos tiempos sería injusto juzgar a hombres y mujeres que se jugaron la vida en estas peleas. Literalmente. La vida y la integridad física de sus cuerpos, perdiendo algunos la cabeza en el proceso. Esas pasiones no eran actuadas, tenían consecuencias reales sobre las personas reales.

Hoy uno puede decir, mirando la televisión o leyendo los diarios y los portales, que la política sigue siendo una pasión. Porque vemos cotidianamente a muchos actores políticos enfervorizados en enfrentamientos dialécticos, exaltados, con elaborados argumentos y ampulosos gestos.

¿Pero qué hay de real y de actuación detrás de esto? Estos actores políticos de nuestra vida cotidiana, ¿Tienen más de actores o más de políticos? ¿Dicen lo que piensan, o interpretan lo que se quiere escuchar? ¿Qué los motiva, la ideología del partido al que pertenecen, o el narcisismo personalista de pertenecer al poder, o de estar en la tele?.

Me hago estas preguntas siendo un dirigente político que integra un partido, el primer partido moderno de nuestro país, la UCR, que hace más de un siglo pregonó, con la práctica y las ideas, sobre la necesidad de la democracia y la tolerancia como la mejor forma de vida.

Con más de tres décadas ininterrumpidas de democracia, parece que el peligro no son las montoneras caudillescas, o los intentos aislados de nuevos liderazgos mesiánicos, como los golpes de Estado. Hoy, el mayor acecho proviene desde adentro mismo de los partidos, con el vaciamiento de contenido en los debates, y la sustitución del discurso por la imagen. Más que partidos, parecen asociaciones civiles.

Completando el fatal ciclo borgiano, los caudillos parecen haber vuelto encarnados en los políticos mediáticos, en los que mejor se ven en la tele, los que mejor hablan en la radio, o tienen más likes. Los líderes políticos han sido reemplazados por los gurúes del marketing.

Lamentablemente, cuando la imagen reemplaza al contenido, generalmente se termina en frustración para la gente. Porque nunca se sabe el camino por el que se transita. Como decía siempre el presidente Alfonsín, se debe seguir a las ideas y no a los hombres.


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